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La historia de un chef

Yo siempre quise ser chef. Desde niño. Solía despertarme tempranito a preparar los huevos con tocino, un buen café y unos panecillos que dejaba listos para ser horneados desde la noche anterior. El despertador familiar era el aroma del desayuno montado. Tres sonrisas gravitaban adormiladas hasta la mesa y daban los primeros bocados. Yo no comía con ellos. Yo siempre quise ser chef. Desde niño. Pero no me gusta la comida. En lo absoluto. La idea de masticar hasta formar una papilla que luego debo deglutir y guardar en mis entrañas, por más delicioso que me digan que es el pastiche, me parece cuando menos repugnante. Comían mis padres y mi hermana lo que yo les daba, mientras yo, a su lado y platicando de lo que haríamos en el día, tomaba de a poco mi malteada. Una malteada de tantas que me preparaba los domingos para no tener que preocuparme por comer. Me limitaba a nutrirme con mi menjurje que, por su parte, bien me correspondía manteniéndome sano. “Yo siempre quise ser chef. ...

Ley de los rendimientos decrecentes

Máxima es de economía que además parece aplica en buena forma al amor. Éramos tú y yo felices sumando apenas un dos pero luego otro llegó. Así aquel maldito día el amor que me tenías en dos partes dividió. Ahora habiendo más terreno sobre el cual vas a aplicarlo rinde menos, corazón. Me amas ahora punto cinco la otra mitad para él: rendimientos decrecientes, ¿qué le podemos hacer?

Let's date tonight (I'll see you in my dreams)

Concertemos una cita sin siquiera conocernos. Sal conmigo a algún café que solo esté abierto en sueños. Oyendo a Django y Grappelli charlando de climas y libros perdidos en larga charla que un segundo sean mil siglos. Y si acaso por azar amaneciese temprano sean cómplices las alarmas no veo porqué levantarnos. Rendezvous de mi ilusión principio de grata historia aunque sea imaginación concédeme una memoria.

Let me go

A mí desde niño me dijeron que era novio de Laurita. Tendría yo seis años cuando nació ella, y desde el primer momento sentenciaron mi madre y la suya: "Mira, José, ella es tu novia". La verdad no entendía lo que eso quería decir. Solo atiné a pensar que esa beba era bien fea, y también era mi novia, lo que fuera que eso significara. Fuera de nuestras obstinadas madres y nuestras respectivas familias, la primera persona en enterarse de esta situación fue Sandra, a quien conocí a los diez años en el patio de la escuela cuando tiré su jugo y discutimos hasta que la maestra Jazmín me hizo pedirle una disculpa y llevarle otro al siguiente día. Ese día en que me enteré de que ella gustaba del futbol y los cómics cuando sacó su lonchera de Iron Man tirándole un penal a Capitán América. "No me gusta comer sola y hoy no vino Paty, quédate conmigo y compartimos el jugo". Unas semanas después le pregunté qué era una novia, o qué implicaba realmente. "¿Por qué? ¿Quieres...

Le beaux-arts

¿Es emocionarse un arte o es apenas un placer? Poner la pluma en la tinta para llevarla al papel. Dar color a la paleta para plasmarla en la tela. Poner la guitarra a punto para cantarle a una estrella. Estirar bien ambas piernas para bailar con belleza. Tener un tiro perfecto para una cámara presta. Dibujar un gran teatro para abrigar una orquesta. Dar al mármol golpesillos sin presura ni tropel. ¿Es emocionarse un arte o es apenas un placer? El artista lo sabrá, el no artista dudará, mas poner el alma a punto para dar vida a algo bello es sin duda un arte en sí, no cabe duda sobre ello.

L'ecrivane

Me siento a la mesa con solemnidad que amerita el momento. El tema se esclarece pronto. Se habla de un hombre y de su obra, la cual, puesta ante mí, no es para nada extensa. Un cuento, eso es todo. En torno a este se discute. Lo desglosan, lo tasajean, lo hacen pedazos y vuelven a unirlo. Caen en tautologías, yo solo escucho. Mi paciencia abundante se agota. Palabras fatídicas escalan por mi laringe. Pregunto, ¿a quién leemos? El silencio y las miradas caen pesados sobre mi persona. Es entonces que caigo en cuenta: es a mí a quien leemos.

Le dispute

Aumentaba la tensión, y su piel producía un sudor cada vez más denso. A lo largo de la culata escurrían las gotas que delataban su duda. Inevitablemente habría de llegar un último momento, y tendría que tomar una decisión. Plinio lo sabía, e intentó dividir ese último instante en partes iguales. Primero en dos, luego en cuatro, y finalmente en ocho. Entonces se dio a la tarea de encontrar cuatro motivos para jalar del gatillo, y cuatro para no hacerlo. La otra persona también le apuntaba un cañón, y eso sería razón suficiente en otras circunstancias. Lamentablemente no eran otras las circunstancias, y esa persona era el amor de su vida. Su compañera eterna ahora daba su opinión sobre el final de una historia con el hierro en la mano. La situación era, como se podrá apreciar, cuando menos complicada. Disparar implicaba muchas cosas, siendo una de ellas renunciar a la posibilidad de  intentar reparar lo irreparable. Si bien la esperanza había muerto hace mucho en ambos, en él aú...

Las gotas de Delta

Como gotas que corren horizontales por las ventanas de un auto que surca las olas de la carretera, en similar carrera a la del agua, con singular frenesí, en Delta corren las gentes ansiosas por alcanzar el camión que se les va. Casi pareciera que quieren llegar temprano (la verdad es, creo yo, que más bien van ya tarde). Rebasándose, resbalándose, como las gotas que corren horizontales, las gentes que corren son lluvia: una lluvia tardía que igual quiere llegar a tiempo.

La última decisión

Fue la mañana de ayer que comenzó a sentirse extraño. Solo salí a caminar y ya me veía algo triste. Pensó que sería buena idea atribuir estos achaques a la edad. No soy demasiado viejo, sino todo lo contrario. La cuestión era encontrar una causa. Sin causa, creo yo, no hay solución. Hace tres días se llevó a cabo el examen de adultez, obligatorio para ciudadanos que cumplen veinte antes del fin de año. Lo pasé sin complicaciones; mis padres presionaron bastante desde que cumplí quince. No era algo demasiado complejo. Solo un par de exámenes y una prueba de aptitudes. La gran mayoría de los jóvenes odiaban el examen hasta que lo hacían. Una vez que termina no se ve tan mal, supongo. Sus pasos lo arrastraban con un ritmo pausado hacia la oficina de asignación de empleos. Cada cuadra recorrida me hacía sentir un poco peor. Primero, una leve náusea. Un mareo me invadió faltando pocos metros para llegar al horrendo edificio gris. Atravesó la puerta y tomó su lugar en la fila. Una c...

La rubia macramé

Que transita por las calles flaneando bien sus caderas robándose corazones y enseñando los calzones a aquellos buenos peatones que finos y con gran tino le tiran un piropillo con ingenio desbordado bien seguido acompañado de sendo noble chiflido pa' delatar sus deseos a mil luces primigenios que se ven recompensados por la rubia macramé (qué descaradita).