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Sempiternos problemas

Yasser Modigbo, subgerente de cierta tienda de muebles, se molestaba frecuentemente debido a su estatura. Pedro Quiroz, detestado limpiaparabrisas, se molestaba frecuentemente debido a su estatura. Sasha Thompson, actriz mediocre de cierta televisora, se  molestaba frecuentemente debido a su estatura. El día llegó en que, cansados de sus vidas, decidieron, cada uno por su cuenta, operarse. Ese día el doctor Moreira se hizo rico con tres extrañas cirugías idénticas. Al siguiente, cierta tienda de muebles, cierto crucero, y cierta televisora, iban a recibir una grata sorpresa. Ahora, Yasser es gerente, Pedro trabaja en un autolavado, Sasha tiene su propio programa, todos los tratan un poco diferente, y el mundo sigue su rumbo. No fue difícil, no fue imposible. La actitud no entró en juego; tan solo un bisturí y muchos billetes. Si me preguntas si son más altos o más bajos, no lo sé, no les pregunté. Solo sé que ahora se molestan frecuentemente porque están siempre ocup...

El perfecto momento

Un camión cerca de reventar. El calor a punto de dejarnos a todos horneados. Una chica asquerosamente bella sentada justo en el asiento a donde mi pelvis apuntaba amenazante cada que alguien pasaba por detrás mío.  El chofer, como siempre, manejaba lento e ignoraba el timbre. Un indecente ponía la música de su celular tan fuerte como podía. Tres niños; dos lloraban, uno dormía.  Más hombres que mujeres, más viejos que jóvenes. A lo que podía ver, era de los pocos que no rebasaba los treinta años. Aparte de los niños, la chica asquerosamente bella, y yo, todos eran añejos. Mi parada no llegaba sino en una hora. Menudo caminito. La chica asquerosamente bella volteaba de vez en vez, me miraba de reojo, y regresaba la vista con una sonrisilla malévola. Quería que le hablara la muy maldita. Y yo, sin duda, quería hablarle. No era muy bueno en eso, pero nunca está de más intentar. Poco a poco, el camión se fue aligerando. Llegábamos al final de la ruta, estábamos a escasos qu...

Incipiente

Cuando me levanté esta mañana, con el mismo sopor rutinario de cada día, una fuerza desconocida me empujó a no ponerme la camisa, ni los pantalones. Este día la ropa interior, esa que nos protege sin que nadie más lo sepa, sería mi armadura del día, la que me iba a proteger de la vida. Me preparé el café y lo bebí de un sorbo. A pesar de quemarme un pezón, no tuve que preocuparme por cambiar mi camisa, y con ello todo el traje. Al tomar mi cartera no supe dónde ponerla, así que la regresé a su lugar y salí de casa sin dinero ni identificación. Ni mi condón. El sol matutino me recibió un poco mejor de lo acostumbrado, acariciando con sus tibios brazos de luz mi desnuda superficie. Mis brazos, mis piernas, mi espalda. Sintiendo el calor del gran astro de una forma diferente, sin pudor ni miramientos. Caminando, podía sentir el polvo de la banqueta a mis pies; el suave y húmedo tacto del pasto, y la curda realidad de una caca de perro. Las miradas, acusativas y muy cabronas, ca...

Compadre (dos voces mentales)

"¡Compadre! ¡Adivine qué, compadre!". "¿Qué pasó, compadre? ¿'Ora por qué tan emocionado?". " 'Pos fíjese, compadre, que si uste' se acuerda, el otro día vino Felipito de la ciudad, y llegó derechito a hablar conmigo". "Sí, compadre, sí me acuerdo". " 'Pos haga de cuenta, compadre, que vino, ¡y me dijo que le está yendo re'bien!". " ¡Ah! Pues qué bueno, compadre, entiendo que esté orgulloso de su chamaco". "Pero espere, compadre, que eso no es todo. Enseguida me dijo que consiguió un trabajo de esos de traje y corbata, ¡y que quería darme chamba, compadre!". "¡Híjole, compadre! ¡Eso sí está re'bueno!". "¡'Pos sí, compadre!". "Oiga, compadre, ¿pero de qué es la chamba? Igual y mi ahijadito me consigue algo a mí, ¿no?". "¡A eso venía, compadre! Me dijo Felipe que le dijera si no quería entrarle también". "¡Ájale, compadre! ¡...